Los niños y la lectura
"El niño
no es una botella que hay que llenar,
sino un fuego que es necesario encender."
Montaigne
sino un fuego que es necesario encender."
Montaigne
Es común en
nuestros días oír decir que a los niños no les interesa la lectura. Además
surge la escuela como la única responsable de esta carencia y falta de interés.
Se presentan una serie de sugerencias que la familia podrá poner en práctica
para colaborar con la escuela en esta importante tarea.
¿Qué significa leer?
"Leer es comunicarse con otro (el autor) y soñar, imaginar, entretener,
aprender, conocer... La sola capacitación para leer (habilidad para
decodificar), no crea lectores y como no nacemos lectores, es necesario conocer
estrategias para acercar al libro" (Ester Jacob).
Formar lectores es muy distinto de enseñar a leer. Para ayudar al niño a tener
ganas de leer y mantener el interés por los libros y la lectura, es
imprescindible que padres y maestros estén estimulados. No puede transmitirse
algo que no se siente.
¿Qué lugar ocupa la familia en el desarrollo del niño?
La lectura comienza antes del aprendizaje formal. El niño desde pequeño lee
imágenes, láminas, carteles, propagandas. Además extrae significaciones de
ellas y le sirven para hablar e inventar historias. Esta etapa en el desarrollo
del niño es fundamental. Todo lo que adquiera a través de los miembros de su
familia será benéfico en el momento de aprendizaje de la lectura. La lectura, según
Smith F., se inicia con una entrada gráfica, los ojos recogen las marcas
impresas y las envían al cerebro para que éste lo procese. Ese procesamiento
sólo es posible por los conocimientos y experiencias contenidos en la memoria
del lector. Gracias a ello el cerebro puede tomar decisiones respecto de la
información visual y construir un significado para el texto en cuestión. El
aprovechamiento dependerá de las vivencias y estímulos que posea el niño.
¿Por qué los alumnos no leen?
El niño tiene contacto con los libros y los cuentos desde pequeño. Está ansioso
por aprender a leer para poder decodificar él mismo las historias que sus
familiares le han contado o leído. Hasta el ingreso a la escuela, el niño
persigue a los integrantes de la familia para que le lean o le cuenten
historias. El libro es uno de sus juguetes preferidos. A los seis años ingresa
en la escuela primaria donde después de una ardua tarea aprende finalmente a
leer. Aquí es donde la familia debe prestar su mayor apoyo. La lectura en esta
etapa no resulta placentera para el niño. Es más, le cuesta, se equivoca y no
alcanza a comprender lo que lee. Por eso insistimos en que la familia debe
continuar acompañando al niño con la lectura compartida de los temas que le
interesan, con la narración de cuentos y con el fomento de la expresión oral.
Este será el mejor incentivo para perfeccionar la lectura.
La escuela es la encargada de enseñar a leer con el objetivo de emplear la
lectura para el aprendizaje. Además es el lugar donde se imparten los conocimientos.
Por lo tanto, el niño relaciona la lectura escolar con la obligatoriedad. Es
muy difícil que la obligatoriedad lleve a la adquisición del hábito de la
lectura. Generalmente la imposición genera rechazo. En este momento la lectura
se ha convertido en un fastidio para el niño y cualquier intento de revertir
esta situación resultará en vano. El niño no comprende para qué le servirá en
el futuro saber leer. Le interesa hoy, leer algo interesante, algo que lo
distraiga, que lo haga soñar, imaginar.
El lector se forma y para ello es necesario el trabajo en conjunto de la
familia con la escuela. La familia irá acompañando los logros e incentivando el
placer por la lectura. Una vez adquirido el hábito y la necesidad de contacto
con los libros, el niño alternará sus lecturas entre lo obligatorio y lo
recreativo. Estaremos así en presencia de potenciales lectores que necesitarán
de la lectura diaria para su subsistencia.
"La lectura no da plata, no da prestigio, no es canjeable…es una manera de
vivir, y los que de esa manera vivimos queremos inculcarla en el niño y
contagiarla al prójimo, como buenos viciosos… Por ese hábito perdimos trenes,
empleos, novios, concursos, status, ascensos y días de sol" (María Elena
Walsh).
Club de
Narradores de Cuentos Infantiles, 1998, en http://www.cn.fac.org.ar/cnci/publi3.htm
https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgQxLhmqqXzqGXQmiyjCtwMvfJdAWO84VyHlKz2yfepSCWpqQ-xyTN7ttUXFFcvHsEzJiVcD1EyPDK4XPOWNx-igreUc61i7L2vz-WmEAQk_xbokk3dErZmx9kCOw8RbsRq7LIQRE0HpP9r/s1600/10390434_789092627806821_5140564207710430846_n.jpg


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